Aceptar la vulnerabilidad

Hace años me impactó mucho un texto que encontré en internet del poeta irlandés David Whyte, uno de mis poetas favoritos, sobre la vulnerabilidad.

El concepto de la vulnerabilidad no era nuevo para mí ya que había visto el famosísimo TED talk de Brenée Brown de 2010 sobre “El poder de la vulnerabilidad”, que puedes ver o revisitar en este enlace.
Es uno de los Top 5 TED talks en número de visualizaciones y solo te tomará 20 minutos.

Según Brenée Brown, la vulnerabilidad es la apertura (a) y la aceptación de la incertidumbre, el riesgo y la exposición emocional. No es debilidad, sino fuente de valentía, empatía, alegría, creatividad y conexión. Brown sostiene que, para vivir una vida plena, debemos aceptar la vulnerabilidad —elegir ser vistos y conectar con la vida— en lugar de anestesiar nuestras emociones y vivir tras una «coraza» como la que crean el perfeccionismo, el cinismo o el miedo.

El valor y la importancia de abrirse a la vulnerabilidad pueden parecer contraintuitivos, especialmente para personas que se mueven en entornos corporativos donde el mostrarse fuerte, sin fisuras o grietas y siempre con pleno control aparente de cualquier situación constituyen la esencia de las máscaras que se suelen adoptar en el ejercicio del poder o mientras se aspira a alcanzarlo.

Sin embargo, aceptar la vulnerabilidad es, en mi experiencia, uno de los primeros pasos que deben darse en el camino de abrir el corazón.
Todos los seres humanos tenemos que lidiar con la posibilidad de una buena dosis de sufrimiento y aceptar esa realidad, que ser humano no siempre es fácil, es la puerta de entrada para desarrollar compasión, tanto hacia uno mismo como hacia los demás.
Cultivar la autocompasión permite que las personas afrontemos nuestras propias vulnerabilidades con amabilidad y resiliencia, a la vez que nos hace más capaces de ofrecer compasión genuina a los demás.

Considerar la posibilidad de mostrar la vulnerabilidad, tal y como se experimenta, compartiendo así con otras personas quienes somos realmente o como nos sentimos en determinados momentos, con honestidad, fomenta relaciones más sólidas y una intimidad más profunda al generar confianza y fomentar una conexión auténtica.
Aunque compartir nuestros verdaderos sentimientos, errores y dificultades nos hace vulnerables, eso a su vez crea un espacio para que los demás conecten realmente con nosotros, así como para que nosotros conectemos con ellos.
Algo muy valioso en un mundo cada vez más dominado por interacciones digitales superficiales en las que muchas personas comparten a través de las redes sociales imágenes esencialmente idílicas de sus vidas y que, aunque presentan una visión sesgada de su realidad, pueden generar comparaciones y crear sentimientos de incompetencia, ansiedad o depresión en aquellos que las ven.

La vulnerabilidad ciertamente puede ser aterradora, pero es también el estado desde el que pueden surgir emociones agradables, como la alegría, la empatía y la valentía, o procesos de sanación, como el perdón.

5 prácticas sencillas- aunque no necesariamente fáciles 🙂 –  para vivir con más autenticidad y vulnerabilidad:

– Reconoce las emociones que experimentas, aunque sean difíciles y desagradables. Ese es el primer paso para aceptarlas y aceptarlas es el primer paso para poder mostrar tu vulnerabilidad.
– Pide ayuda. Eso demuestra que reconoces tus límites y que estás dispuesta a apoyarte en otras personas.
– Practica la autocompasión. Eso favorecerá que puedas reconocer tus vulnerabilidades y que las abordes con amabilidad y no con dureza o autocrítica.
– Relaciónate con una comunicación abierta y honesta, siendo transparente sobre tus pensamientos, emociones y experiencias. Eso favorecerá que los demás hagan lo mismo.
– Toma inspiración de personas auténticas, que están alineadas con sus valores, pasiones y habilidades.

El texto del que hablaba al principio del post, que en aquel momento traduje del inglés yo misma, empezaba de la siguiente manera:
La vulnerabilidad no es una debilidad, una indisposición pasajera o algo de lo que podamos prescindir; la vulnerabilidad no es una elección; la vulnerabilidad es la corriente subterránea subyacente, siempre presente y permanente de nuestro estado natural. Huir de la vulnerabilidad es huir de la esencia de nuestra naturaleza; el intento de ser invulnerables es el vano intento de convertirnos en algo que no somos y, sobre todo, de cerrarnos a la comprensión del dolor ajeno.

La buena noticia es que, desde entonces, la obra de David Whyte a la que pertenece dicho texto ha sido traducida y publicada en español por la editorial Koan bajo el título “La belleza oculta de las palabras cotidianas”, una pequeña joya que recomiendo fervientemente en mis cursos y grupos de meditación y que puede ser un súper regalo o auto-regalo estas navidades.

Realizar un retiro de meditación en silencio es una muy buena manera de hacer una pausa y crear un espacio seguro para que la vulnerabilidad pueda aflorar y ser abrazada.

En 2026 ofreceré dos retiros, uno de 3 días a principios de marzo y otro de 4 días a finles de agosto.
¡Anímate a participar!

1 Comment
  • Ismael Fernández
    Posted at 19:14h, 03 diciembre Responder

    Me ha encantado este post magnífico sobre la vulnerabilidad. Lo he leído varias veces porque creo que es muy inspirador, pero sobre todo mueve a la acción para incorporar la compasión en la vida cotidiana. Gracias.

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