Manejar los conflictos con Mindfulness

A todos nos ha ocurrido alguna vez vernos atrapados en una discusión acalorada, con la presión arterial por las nubes, obsesionados con colocar nuestra siguiente intervención en lugar de escuchar lo que la otra persona tiene que decir.
A veces incluso, después de que la discusión ha terminado, cuando ya no estamos frente a la persona, el conflicto sigue vivo: seguimos rumiando sobre él durante horas, días y semanas, alimentando las razones “objetivas” por las que tenemos razón y el otro es un indeseable.

Si dejamos que el enfado y la rabia se mantengan, véase vayan acumulándose y creciendo, si no tomamos medidas para resolverlo y sanarlo de manera efectiva, el conflicto, desafortunadamente, irá enquistándose en esa relación.
Y eso es algo que sucede especialmente en relaciones interpersonales que son importantes en nuestra vida y que nos afectan intensamente a nivel emocional: con familiares- pareja, herman@, padre/madre o hij@- con amigos cercanos o con compañeros profesionales.
Personas que tienen la capacidad de apretar “botones” internos en nosotros que nos llevan a sentirnos no apreciados o valorados o considerados y a reaccionar de manera defensiva, con agresividad.

En ese punto de conflicto elevado, la dimensión positiva o saludable que puede tener un conflicto desaparece y nos vemos atrapados en la descalificación sistemática del otro, en el resentimiento, la animadversión o el odio.
Además, ese tipo de conflicto elevado ocurre no solo a nivel individual sino también a nivel colectivo, social. No hay más que ver las noticias para darse cuenta de la tensión y la comunicación violenta que hay en el mundo.

Algunas de las características que nos permiten reconocer que nos encontramos en una situación de conflicto elevado son:

  • la polarización creciente de la relación (yo vs el otro, nosotros vs ellos),
  • el conflicto cobra una vida propia y se lleva por delante toda la relación,
  • todo lo que se intenta hacer o decir para resolverlo empeora la situación porque surge desde la rabia y la frustración, desde el sistema de amenaza en el que las dos personas se encuentran.

En un conflicto elevado las personas están “congeladas” en sus puntos de vista, no conectan con los sentimientos dolorosos que experimentan a nivel profundo y ya no operan según las reglas habituales de compromiso mutuo que de otra manera se darían en esa relación. Las mismas peleas se repiten una y otra vez y se ven detonadas por motivos triviales o tonterías.
Aunque quizás las personas inmersas no se dan cuenta, ello impacta negativamente su salud y su bienestar.

Es interesante tomar conciencia de que muchos conflictos en realidad no van de lo que parece ser el problema a nivel superficial. Hay una historia por debajo de la que no se habla, que no se aborda.
Una historia que muchas veces es inconsciente.
Eso hace que no nos preguntemos que es lo que está pasando en realidad, porqué se está discutiendo, que es lo que uno siente en el corazón, que es lo importante para uno mismo y que es realmente lo que desearía que pasara con la otra persona, más allá de todo lo desagradable que ha podido decirse desde la rabia y la frustración.

Para transformar un conflicto elevado y tóxico en un conflicto positivo tiene que haber una intención, por ambas partes: una voluntad de explorar, una disposición a indagar con curiosidad, por investigarse a uno mismo y también al otro, desde la escucha profunda, para ver que se descubre. Reconociendo que no solo el otro va a tener que cambiar, asumiendo la propia responsabilidad en la situación a la que se ha llegado.
Cuando hay relaciones de poder o de autoridad entre las dos partes, eso puede resultar difícil.

Mindfulness y la práctica meditativa nos ayudan en el proceso de explorar esos temas difíciles- y de gran importancia en nuestra vida-, con ecuanimidad y favorece que podamos ver con más claridad los procesos que están ocurriendo.

Algunas personas están en un punto de su vida en el que no están interesadas en el conflicto positivo, el conflicto elevado les reporta alguna ganancia: atención, sensación de poder, incluso sentido.

La buena noticia es que la gente cambia. Las personas pueden estar realmente en pleno conflicto o totalmente hechizadas por teorías conspirativas o incluso ideologías o posiciones extremistas, y luego, en un momento determinado, cambian.
Por eso, el reto es: ¿cuánto tiempo puedo permanecer en la vida de esta persona, si me preocupo por ella, con la esperanza de que algún día haya una oportunidad de resolución del conflicto y de reconciliación?

Mi experiencia personal y especialmente desde que practico mindfulness, es que estar comprometida en hacer todo lo que está en mi mano por resolver los conflictos, especialmente con personas con las que existe un vínculo importante, sin dejar que se eleven demasiado, es fundamental.
Y aunque no siempre lo consigo, se que eso pasa por promover intencionalmente la paz y la armonía: regulando mis propias emociones difíciles, revisando de manera críticas mis propios pensamientos y creencias e intentando entender la postura del otro, conectando con el corazón y actuando desde él, cultivando el perdón, hacia el otro y hacia mi misma, y pidiendo perdón. Soltando el lastre que un conflicto elevado y tóxico supone.

Como expresa bellamente un verso de un poema de León Felipe:
… Ser en la vida romero, romero…, sólo romero.
Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo,
pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
ligero, siempre ligero…

 

Quería aprovechar para avisar que estamos con las últimas plazas para los retiros de invierno, recordar el webinar de marzo con Frits Koster y que ya hemos abierto las inscripciones para el curso de introducción al Mindfulness de primavera.

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